Seleccionando candidatos: ¿son las primarias el mejor mecanismo?

Opinión

Es muy común escuchar que las primarias son el mejor sistema para seleccionar candidatos. Sin embargo, la evidencia no siempre apoya tal supuesto. Tomando como ejemplo las primarias que hizo la Concertación/Nueva Mayoría en 141 comunas para la elección de alcaldes de 2012, se puede constatar que las primarias no estimularon la participación y que mejoraron sólo marginalmente la elegibilidad de los ganadores. Dicho de otro modo, la participación electoral en las elecciones de 2012 fue muy similar comparando comunas donde se hicieron y no se hicieron primarias. Adicionalmente, el “bono” electoral que teóricamente reciben los ganadores de las primarias para la elección definitiva, no marcó la diferencia entre el triunfo y la derrota. Se supone que los ganadores de las primarias tienen esa especie de bono que les ayuda a ganar elecciones y que, para el caso de las primarias presidenciales en América latina, promedia alrededor del 5%. En palabras más sencillas, un candidato que compite y gana una primaria obtiene un 5% de votos más en comparación con un candidato que no compitió en primarias.

Otro argumento que cuestiona los beneficios de una elección primaria tiene que ver con las fracturas que se producen al interior de los partidos. Como si no bastara la existencia de tendencias o facciones, los partidos- al hacer primarias- institucionalizan o formalizan esa división interna.

Las primarias, además, muchas veces implican mayor gasto en campaña. Los candidatos deben comenzar a trabajar en terreno con mucha anticipación. Comprensiblemente, deben acudir a fuentes de financiamiento que permitan sostener esa campaña. La situación es aún más complicada si ese mismo candidato enfrenta una campaña en su partido, luego en la coalición y finalmente en los comicios definitivos. Es razonable pensar, entonces, que las primarias favorezcan a aquellos candidatos que cuentan con recursos y que, por ende, son capaces de resistir meses dando la batalla. Los candidatos con menos recursos verán disminuidas sus posibilidades, quedando fuera de la definición.

Otro argumento que cuestiona los beneficios de una elección primaria tiene que ver con las fracturas que se producen al interior de los partidos. Como si no bastara la existencia de tendencias o facciones, los partidos- al hacer primarias- institucionalizan o formalizan esa división interna. En lugar de negociar y acordar el apoyo a un candidato, el partido opta por desangrarse innecesariamente en un proceso de primarias que muchas veces termina por enemistar definitivamente a los grupos internos. Esto puede tener un efecto directo en la capacidad de elegibilidad del ganador: los perdedores de la primaria podrían votar a otro candidato, o simplemente abstenerse de ir a votar.

Si bien las primarias pueden contribuir a la oxigenación de la política al incluir nuevos rostros en la competencia, se hace difícil pensar que sea el único mecanismo de selección de candidatos. Para algunos, incluso, las primarias representan el mecanismo más democrático para realizar esa selección. En realidad, a mi juicio, no hay procesos de selección de candidatos más democráticos que otros. Simplemente, existen procesos centralizados y descentralizados. No siempre el hecho de “abrir” las puertas a la ciudadanía implica que el mecanismo sea más democrático. Puede ser más participativo, pero no necesariamente más democrático. Por tanto, y de cara a las elecciones municipales del próximo año, los partidos y coaliciones deben ser muy cuidadosos a la hora de elegir el mecanismo. Puede que en algunas circunstancias las primarias sirvan para dirimir conflictos, pero en otras es mucho mejor que el candidato sea rápidamente nominado a fin de que inicie de manera temprana su campaña electoral. De lo contrario, ese candidato llegará desgastado, sin recursos y con un partido dividido a la fase definitoria de la elección.

Mauricio Morales 

Doctor en Ciencia Política.

Académico Jornada Completa, Universidad Diego Portales.

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